La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán entra en su sexto mes y en su fase más peligrosa para la economía global: Washington ha bombardeado instalaciones costeras y de defensa antiaérea iraníes durante ocho noches consecutivas, el número de militares estadounidenses muertos ha subido a 17 y el tráfico de petroleros por el estrecho de Ormuz —por donde pasa cerca de una quinta parte del petróleo mundial— se ha desplomado a su nivel más bajo en dos meses.
Un alto el fuego que duró menos de un mes
La tregua alcanzada en junio entre Estados Unidos, Israel e Irán —tras la guerra iniciada en febrero de 2026— se ha roto por completo. El 8 de julio, Donald Trump, desde la cumbre de la OTAN en Ankara, declaró que el memorando de entendimiento con Teherán «ha terminado» y amenazó con represalias «mucho más duras» si Irán persistía en sus ataques. Desde entonces, la aviación estadounidense ha golpeado por octava noche consecutiva instalaciones relacionadas con las defensas aéreas y costeras iraníes, ampliando el radio de sus objetivos más allá de los emplazamientos que atacaba en las primeras semanas del conflicto.
La respuesta de Teherán ha sido igual de contundente: el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) volvió a declarar cerrado el estrecho de Ormuz tras disparar un tiro de advertencia contra una embarcación que se aproximaba a sus aguas, y el país persa amplió su lista de objetivos militares a siete países de la región, en un movimiento que sus vecinos del Golfo interpretan como una advertencia directa a cualquier Estado que facilite operaciones estadounidenses en su territorio.
Bajas crecientes en las fuerzas de EE.UU.
El coste humano para Washington también se ha acelerado en los últimos días. El viernes murieron dos militares estadounidenses en un ataque iraní contra una base en Jordania, mientras que un tercero continúa desaparecido. Un día después, un soldado de EE.UU. falleció en el norte de Irak durante la detonación controlada de munición de un dron iraní derribado. Con estas bajas, el número total de militares estadounidenses muertos desde el inicio de las hostilidades asciende a 17, una cifra que empieza a generar presión política interna sobre la Casa Blanca, más de cinco meses después de que comenzara una guerra que la Administración Trump prometió que sería breve.
El estrangulamiento de Ormuz
El verdadero termómetro de la crisis, sin embargo, se mide en el tráfico marítimo. Antes de la guerra, unos 130 buques cruzaban a diario el estrecho de Ormuz, el paso más estratégico del comercio energético mundial, por el que normalmente transitan cerca de 20 millones de barriles de petróleo al día -una quinta parte del consumo global-. Ese flujo ya había caído a unos 14,6 millones de barriles diarios en el primer trimestre del año, antes de que se intensificara la actual escalada.
Esta semana la caída se ha agravado: el número de petroleros que atraviesan el estrecho ha tocado su nivel más bajo en dos meses, con apenas nueve buques transitando en la jornada más reciente frente a los trece del martes anterior, la mayoría de ellos navegando pegados a la costa iraní para evitar las zonas de mayor riesgo. Estados Unidos, por su parte, ha reimpuesto un bloqueo naval sobre los puertos iraníes de la zona y ya ha desviado por la fuerza a dos buques comerciales que intentaban sortear el cerco, según fuentes citadas por Infobae.
Por qué importa más allá de Oriente Medio
El cierre parcial de Ormuz no es un incidente regional aislado: es el mecanismo de transmisión que ha empujado el precio del Brent por encima de los 90 dólares por barril esta semana y ha devuelto la gasolina a los 4 dólares por galón en Estados Unidos, según la American Automobile Association. Europa, que ya atraviesa un delicado equilibrio de inflación y crecimiento débil, enfrenta ahora un shock energético que llega justo cuando el Banco Central Europeo estudiaba el ritmo de sus próximos movimientos de tipos. Y en Washington, la Reserva Federal ve cómo el argumento para recortar tipos este año se debilita a medida que el crudo presiona de nuevo al alza la inflación importada.
A ello se suma la dimensión diplomática: los ministros de Exteriores de la Unión Europea emitieron esta semana una evaluación conjunta que sitúa a China como una amenaza no solo económica sino de seguridad para el bloque, subrayando la ambición compartida de Pekín y Moscú de afirmar su dominio regional mientras Washington queda atrapado en un frente bélico en el Golfo. Es decir: cuanto más se prolongue el pulso con Irán, más margen de maniobra ganan Pekín y Moscú en sus propios tableros geopolíticos.
Los escenarios que se abren ahora
Existen señales, todavía frágiles, de que ambas partes podrían estar tanteando una salida. Este mismo lunes, medios como CNBC recogían declaraciones iraníes sugiriendo que una eventual negociación con Washington podría «basarse en el interés nacional» de Teherán, lo que provocó que el petróleo borrara parte de sus ganancias intradía. Pero la experiencia de las últimas semanas -un alto el fuego roto en menos de un mes- invita a la cautela: cada ronda de escalada ha ido acompañada de un ensanchamiento de objetivos, no de una contracción.
Los analistas apuntan a tres escenarios posibles a corto plazo. El primero, una escalada controlada en la que Estados Unidos mantiene el bloqueo naval y los ataques quirúrgicos sin invadir territorio iraní, prolongando el desgaste económico global sin un desenlace claro. El segundo, una negociación de urgencia mediada por potencias del Golfo -Catar y Omán ya han ofrecido sus buenos oficios en rondas anteriores- que reabra parcialmente el estrecho a cambio de garantías de seguridad para Teherán. El tercero, el más temido por los mercados de materias primas, una escalada que arrastre a otros actores regionales -desde los hutíes en el mar Rojo hasta las milicias proiraníes en Irak- y convierta el conflicto en una guerra regional de múltiples frentes, con un impacto en el precio del petróleo muy superior a los 90 dólares actuales.
Lo que es indiscutible es que, cinco meses después de empezar, la guerra entre Estados Unidos e Irán ha dejado de ser un conflicto contenible: hoy determina el precio de la gasolina en Ohio, el margen de maniobra de la Fed y el cálculo estratégico de media Europa.









