El petróleo Brent llegó a dispararse hasta los 91,41 dólares por barril este lunes, un +3% respecto al cierre previo, antes de moderar parte de la subida tras señales de que Irán podría estar dispuesto a negociar. El índice del dólar de Bloomberg saltó a su nivel más alto desde principios de febrero, los operadores redujeron a solo 56 puntos básicos las expectativas de recorte de tipos de la Fed para este año, y Wall Street arranca la semana pendiente de los resultados de gigantes como Alphabet, Intel e IBM.
La escalada en Ormuz se traslada directamente al precio de la gasolina
El mercado de crudo ha vivido esta jornada uno de sus episodios más volátiles del año. El Brent para entrega en septiembre llegó a cotizar en 90,70 dólares, con máximos intradía de 91,41 dólares, para después ceder terreno hasta situarse en torno a los 87,77 dólares, según datos recogidos por CNBC. El detonante es directo: el bloqueo naval reimpuesto por Estados Unidos sobre los puertos iraníes del estrecho de Ormuz y el consiguiente desplome del tráfico de petroleros -a mínimos de dos meses- han reactivado el temor a una disrupción prolongada del suministro energético mundial, justo por la vía marítima que canaliza cerca de una quinta parte del crudo que se consume en el planeta.
El impacto ya se nota en las gasolineras estadounidenses: el precio medio ha vuelto a superar los 4 dólares por galón este lunes, según la American Automobile Association, un umbral psicológico que en anteriores ciclos electorales se ha traducido en presión política directa sobre la Casa Blanca.
El dólar se refuerza, pero a un coste
La escalada geopolítica ha impulsado también al billete verde: el índice del dólar de Bloomberg saltó hasta su nivel más alto desde principios de febrero, en un movimiento clásico de refugio ante la incertidumbre. Pero ese fortalecimiento tiene una contrapartida incómoda para la Reserva Federal: los operadores de futuros han recortado a apenas 56 puntos básicos las expectativas de bajadas de tipos para lo que queda de 2026, frente a previsiones más generosas que se manejaban hace apenas unas semanas. El repunte del petróleo amenaza con filtrarse a la inflación general justo cuando el banco central estadounidense empezaba a ganar margen para relajar su política monetaria.
En Europa, el mercado de bonos había ofrecido cierto respiro el viernes: la rentabilidad del bono español a diez años bajó hasta el 3,51% y el alemán retrocedió hasta el 3,08%. La pregunta que se hacen ahora los inversores es si ese respiro sobrevivirá a una semana marcada por un petróleo por encima de los 90 dólares y un dólar fuerte, una combinación que históricamente ha tensionado a las economías europeas más dependientes de las importaciones energéticas.
Wall Street, entre el rebote y los resultados
Pese a la tensión en materias primas, los futuros de los principales índices estadounidenses apuntaban este lunes a una apertura al alza, con el Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq buscando el rebote tras una semana convulsa. La atención de los inversores se centra ahora en la temporada de resultados: esta semana presentan cuentas compañías del peso de Alphabet, Intel e IBM, cuyos informes servirán como termómetro de si el gasto corporativo en infraestructura tecnológica -incluida la relacionada con inteligencia artificial- sigue sosteniendo el crecimiento de beneficios pese al encarecimiento de la energía.
No todas las noticias empresariales han sido positivas: la aerolínea irlandesa Ryanair informó de una caída del 34% en su beneficio neto del primer trimestre fiscal, hasta 538 millones de euros, un resultado que anticipa el tipo de presión que un petróleo más caro puede ejercer sobre sectores intensivos en combustible como la aviación.
El escenario que viene
La clave para las próximas semanas está en si la señal de apertura a negociar lanzada por Irán -que este lunes bastó para que el crudo borrara parte de sus ganancias intradía- se consolida o si, como ha ocurrido ya una vez este verano, un nuevo episodio de escalada la desmiente en cuestión de días. Un Brent sostenido por encima de los 90 dólares durante varias semanas tensionaría aún más el mandato de la Fed, que se debate entre apoyar un mercado laboral que empieza a resentirse -en parte por los despidos ligados a la automatización- y controlar una inflación que el petróleo amenaza con reavivar. Para los inversores europeos, el mensaje es doble: vigilar el estrecho de Ormuz tanto como los balances de las tecnológicas, porque ambos frentes -geopolítico y corporativo- están definiendo el rumbo de los mercados en este arranque de semana.









