SpaceX ha perdido cerca de 100.000 millones de dólares de valor de mercado en poco más de un mes: la acción cotiza en torno a 124 dólares, un 45% por debajo del máximo de 225,64 dólares que tocó a finales de junio, apenas semanas después de debutar en bolsa el 12 de junio a un precio inicial de 135 dólares. El desplome de la compañía de Elon Musk ha arrastrado a todo el sector espacial y ha reavivado las dudas sobre la sostenibilidad de las valoraciones alcanzadas por las salidas a bolsa tecnológicas más comentadas del año.
Una salida a bolsa histórica, seguida de un desplome igual de rápido
SpaceX debutó en el mercado bursátil estadounidense el 12 de junio con una valoración que la situaba entre las mayores salidas a bolsa tecnológicas de los últimos años, en un contexto de fuerte apetito inversor por las empresas ligadas al espacio y a la exploración orbital. La acción llegó a dispararse hasta los 225,64 dólares en las semanas siguientes, casi un 70% por encima de su precio de debut, alimentada por el entusiasmo en torno a Starship y al papel dominante de la compañía en el lanzamiento de satélites comerciales y misiones gubernamentales.
Ese optimismo se ha revertido con la misma velocidad con la que se construyó. En las últimas semanas, la acción ha encadenado caídas sucesivas hasta situarse en torno a los 124 dólares, apenas por debajo de su precio de salida a bolsa y un 45% por debajo de su máximo histórico. En términos de capitalización, el retroceso equivale a la destrucción de decenas de miles de millones de dólares en valor de mercado en cuestión de semanas.
Un desplome que arrastra a todo el sector espacial
El batacazo de SpaceX no se ha quedado dentro de sus propias acciones: ha contagiado a prácticamente todo el sector espacial cotizado. El ETF de referencia del sector, que agrupa a empresas de lanzadores, satélites y servicios orbitales, ha caído cerca de un 23% en el último mes, mientras que Iridium, uno de los operadores de constelaciones de satélites más establecidos del mercado, se ha desplomado alrededor de un 65% en el mismo periodo. En conjunto, el sector ha perdido más de un billón de dólares de valor bursátil en solo cuatro semanas.
Ese contagio generalizado sugiere que el mercado no está penalizando únicamente factores específicos de SpaceX, sino revisando a la baja las expectativas de crecimiento y rentabilidad de toda una categoría de empresas que habían cotizado a múltiplos muy exigentes durante el último año y medio.
Las razones detrás de la corrección
Varios factores explican la magnitud del ajuste. En primer lugar, el mercado ha empezado a cuestionar el ritmo de ejecución del programa Starship, cuyo desarrollo ha sufrido retrasos y contratiempos técnicos que complican los plazos de rentabilidad prometidos a los inversores en el folleto de salida a bolsa. En segundo lugar, el encarecimiento generalizado de la financiación y la mayor aversión al riesgo en los mercados tecnológicos han golpeado con especial dureza a las compañías de crecimiento que aún no generan beneficios recurrentes, un perfil en el que encajan la mayoría de las empresas del sector espacial cotizado.
A ello se suma la presión de los vendedores en corto, que habían identificado en SpaceX y en el resto del sector una de las apuestas bajistas más pobladas del mercado tras el rally posterior a la salida a bolsa, lo que ha amplificado las caídas una vez que el sentimiento invirtió su signo.
Qué significa para el resto de salidas a bolsa tecnológicas
El caso de SpaceX se ha convertido en un test de estrés para el apetito inversor por las grandes salidas a bolsa tecnológicas del último año, en un momento en el que varias compañías de inteligencia artificial y tecnología avanzada preparan o han completado sus propios debuts bursátiles con valoraciones igualmente exigentes. Si el mercado empieza a exigir más pruebas de rentabilidad antes de sostener múltiplos elevados, el episodio de SpaceX podría marcar un punto de inflexión en la forma en que Wall Street precia el riesgo de las empresas de crecimiento, mucho más allá del sector espacial.
Para Elon Musk, el desplome llega en un momento delicado: la valoración bursátil de SpaceX se había convertido en uno de los principales argumentos para atraer nuevo capital y financiar la expansión de Starship y de la red Starlink. Una cotización deprimida de forma prolongada podría encarecer futuras rondas de financiación y obligar a la compañía a revisar el calendario de sus proyectos más ambiciosos, justo cuando la competencia en el sector de lanzadores y satélites empieza a intensificarse.








