Pekín ha cerrado la puerta a una de las operaciones con las que Masayoshi Son, fundador y consejero delegado de SoftBank, pretendía liderar la próxima fase de la inteligencia artificial. La Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC), el máximo organismo de planificación económica de China, ha informado al grupo japonés de que no permitirá la compra de la división de robótica de la suiza ABB por unos 5.400 millones de dólares, según publicó este jueves el Financial Times citando a varias personas conocedoras del asunto.
De acuerdo con el diario británico, recogido por investingLive e Investing.com, SoftBank está tratando de averiguar qué falló y si puede volver a solicitar la autorización. Las razones oficiales no se han hecho públicas. La agencia Reuters, que también se hizo eco de la información, precisó que no había podido verificarla de inmediato, y ni SoftBank ni ABB habían anunciado sus próximos pasos en el momento de redactar esta noticia.
Una pieza central de la «IA física»
SoftBank acordó en octubre de 2025 adquirir el 100% del negocio de robótica de ABB por unos 5.375 millones de dólares, con el cierre previsto para mediados o finales de 2026. Para Son, la operación era clave en lo que denomina «IA física»: la combinación de modelos de inteligencia artificial con robots y máquinas capaces de actuar sobre el entorno, que el empresario ha presentado como la siguiente frontera del grupo tras sus grandes inversiones en chips y en OpenAI.
La operación, en cifras | Dato |
|---|
Precio acordado | ≈5.375 millones de dólares |
Fecha del acuerdo | Octubre de 2025 |
Ingresos de la división (2024) | ≈2.300 millones de dólares (≈7% del grupo ABB) |
Plantilla | ≈7.000 empleados |
Unión Europea | Aprobada sin condiciones (marzo de 2026) |
China | Bloqueada, según el Financial Times |
Estados Unidos | Pendiente a finales de octubre |
Por qué China tiene la última palabra
El peso de Pekín en esta decisión no es casual: China es el mayor mercado de la división de robótica de ABB. Algunas informaciones publicadas tras la exclusiva apuntan a que la preocupación del regulador estaría relacionada con la posible transferencia al extranjero de datos de robótica que podrían emplearse para entrenar modelos de IA, y mencionan posibles condiciones como la venta de partes del negocio a propietarios chinos o el mantenimiento de determinada propiedad intelectual en el país. Esos detalles, sin embargo, no han sido confirmados oficialmente.
Lo llamativo es que el veto llegue desde la NDRC y no desde el regulador de competencia, la Administración Estatal de Regulación del Mercado (SAMR), que suele encargarse de revisar las fusiones. Ese matiz refuerza la lectura de que la decisión responde más a consideraciones estratégicas y tecnológicas que a un problema clásico de concentración de mercado.
Un mal día en la bolsa de Tokio
La noticia se conoció durante la pausa del mediodía en Tokio, en una sesión ya complicada para SoftBank. Sus acciones caían alrededor de un 5% por la mañana, frente a un descenso del 0,5% del Nikkei 225, lastradas por el desplome nocturno de Arm, su diseñadora de chips, tras unas previsiones trimestrales decepcionantes, y por la venta generalizada de valores ligados a la IA después de que los demócratas se hicieran con el control de las dos cámaras del Congreso estadounidense.
Ese último factor no es menor: la fuerte exposición de SoftBank a OpenAI la vincula directamente a la construcción de centros de datos en Estados Unidos, un sector que los demócratas han anunciado que vigilarán más de cerca.
Qué puede pasar ahora
Las opciones sobre la mesa son una nueva solicitud con compromisos que satisfagan a Pekín, la renegociación de la estructura de la compra o el abandono de la operación. En este último escenario, ABB tendría que decidir qué hace con un negocio del que ya había decidido desprenderse y que, de momento, sigue en su balance.
Más allá del caso concreto, el episodio deja una lección de fondo: la carrera por la IA física no se decidirá solo en los laboratorios, sino también en los despachos de los reguladores. Los robots industriales generan enormes cantidades de datos sobre procesos productivos, y China, el mayor taller del mundo, ha dejado claro que no está dispuesta a que esos datos —ni la tecnología que los explota— cambien de manos sin su permiso. Para Son, que ha prometido convertir SoftBank en el gran actor de la nueva ola de la inteligencia artificial, el revés obliga a replantear una pieza clave de su estrategia.
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