España ya conoce su destino: jugará la final del Mundial 2026 el próximo domingo en Nueva Jersey después de imponerse 2-0 a Francia gracias a los goles de Mikel Oyarzabal y Pedro Porro, dieciséis años después de levantar su único título mundial con el gol de Andrés Iniesta en Sudáfrica 2010. Ahora, toda la atención se traslada a Atlanta, donde esta noche Argentina e Inglaterra disputan una semifinal que no solo decide al rival de La Roja, sino que reedita una de las rivalidades más cargadas de historia del fútbol internacional.
La Roja, de vuelta en una final dieciséis años después
La victoria sobre Francia en el AT&T Stadium de Dallas confirmó el proceso de una selección que ha ido creciendo torneo a torneo desde su título europeo, y que ahora vuelve a asomarse a la final de un Mundial por primera vez desde aquella noche de Johannesburgo. El planteamiento de Luis de la Fuente, apoyado en el control del balón y en la profundidad de su lateral derecho, dejó sin argumentos a un combinado francés que llegaba como uno de los favoritos al título. Para España, el reto ahora es esperar cuatro días sin competir mientras el resto del torneo se decide en Atlanta, gestionando la ansiedad de un objetivo que el país no vive con esta intensidad desde hace más de una década.
Argentina-Inglaterra: el partido eterno
La segunda semifinal, disputada esta tarde en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, enfrenta a la vigente campeona del mundo con una Inglaterra que ha ido de menos a más en el torneo de la mano de Harry Kane y Jude Bellingham, ambos con seis goles anotados hasta el momento. Más allá del resultado deportivo, el cruce entre ambas selecciones arrastra una carga histórica que trasciende el fútbol: desde el gol de Maradona con la mano en 1986 hasta el trasfondo político de la guerra de las Malvinas, cada enfrentamiento entre argentinos e ingleses en un Mundial se lee con una intensidad que pocos duelos igualan en el deporte mundial.
La afición argentina, consciente de lo que está en juego, se ha volcado en Atlanta en las horas previas al partido.
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Vídeo: @DAZN_ES (DAZN España).
Qué rival conviene más a España
Desde el punto de vista táctico, ninguno de los dos posibles rivales representa un camino sencillo para España. Argentina llega como campeona defensora, con la solidez defensiva y la jerarquía en los momentos decisivos que ya demostró hace cuatro años, además de una capacidad de resolver partidos ajustados que la ha caracterizado durante todo el ciclo posterior a Qatar 2022. Inglaterra, por su parte, ofrece un perfil distinto: más directa, con bandas veloces y una potencia física que ha incomodado a rivales técnicamente superiores en fases anteriores del torneo, y con Bellingham como conexión entre líneas capaz de decidir un partido en solitario. Los análisis previos apuntan a que a España le convendría enfrentarse a una selección que le ceda la posesión, un patrón que ha favorecido al combinado de De la Fuente durante todo el campeonato, lo que inclinaría la balanza hacia preferir el duelo con Inglaterra antes que con una Argentina más cómoda jugando sin el balón.
Una generación que ya no depende de un solo golpe de suerte
A diferencia de 2010, cuando España llegó a la final tras un torneo de resultados ajustados (1-0 en casi todas sus eliminatorias), la Roja de 2026 ha combinado solidez defensiva con un juego ofensivo más variado, apoyado en el recambio generacional surgido tras el título europeo. Esa continuidad de proyecto, con De la Fuente al frente desde hace varios ciclos, es en sí misma una noticia dentro de la noticia: pocas veces una selección española había llegado a una final mundialista con una base de jugadores tan asentada y con tan pocas dudas sobre el modelo de juego a aplicar frente a cualquiera de los dos rivales posibles.
Lo que se juega el domingo
Más allá de la rivalidad puntual, la final del domingo en Nueva Jersey supone para España la oportunidad de sumar su segundo título mundial y confirmar de manera definitiva el ciclo iniciado tras la Eurocopa, mientras que tanto Argentina como Inglaterra llegan con motivaciones históricas propias: la Albiceleste, por revalidar el título y consolidarse como la gran potencia del fútbol de la última década; Inglaterra, por acabar con más de medio siglo de sequía en una final mundialista. Sea cual sea el resultado de esta noche en Atlanta, el fútbol mundial tiene ya asegurada una final de máximo nivel, con España como protagonista indiscutible tras dieciséis años de espera.









