El Mando Central estadounidense intensificó este miércoles su campaña militar contra Irán con una nueva oleada de ataques diurnos —hasta ahora reservados a la noche— sobre defensas costeras y depósitos de misiles en el golfo Pérsico. La Guardia Revolucionaria iraní respondió bloqueando el estrecho de Ormuz, la arteria por la que transita una quinta parte del petróleo mundial, y amenazó con extender el cierre a otros corredores energéticos. El resultado inmediato: el Brent se ha disparado más de un 10% en una sola sesión y España, que importa por esa ruta más del 10% de su crudo, empieza a notar el golpe en la factura energética.
De la noche al día: Washington eleva la presión
Durante casi cinco meses, desde que la guerra estalló el 28 de febrero de 2026 con los bombardeos sorpresa de Estados Unidos e Israel sobre varias ciudades iraníes, la campaña aérea estadounidense se había concentrado en operaciones nocturnas. Eso cambió esta semana. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó que en la madrugada del 14 al 15 de julio ejecutó una ofensiva de siete horas —entre las 22:00 y las 5:00— contra decenas de objetivos militares cercanos al estrecho de Ormuz, empleando cazas, drones y buques de guerra. Apenas unas horas más tarde, el miércoles, Washington retomó los ataques mientras el sol seguía en lo alto: una nueva oleada de bombardeos de precisión, esta vez de 90 minutos, golpeó sistemas de defensa costera y almacenes de misiles de crucero en la isla de Gran Tumb, un enclave clave para controlar el tráfico marítimo del golfo.
El cambio de horario no es un detalle menor. Operar de día implica mayor exposición para los pilotos y equipos estadounidenses, pero también envía una señal: Washington quiere degradar la capacidad de respuesta iraní las 24 horas, no solo de noche, y está dispuesto a asumir más riesgo operativo para lograrlo.
Un saldo de víctimas que no deja de crecer
El coste humano del conflicto se ha agravado en los últimos días. El Ejército iraní confirmó la muerte de siete militares en un ataque con misiles contra un cuartel en Iranshahr, en el sureste del país, mientras que el Ministerio de Sanidad de Irán cifró en al menos 260 los heridos de los bombardeos nocturnos previos, entre ellos tres mujeres y seis menores. Estas cifras se suman a un balance ya elevado: 17 muertos y 115 heridos en ataques anteriores contra seis ciudades iraníes. Teherán sostiene que, desde el estallido de la guerra en febrero, el número total de fallecidos asciende a 3.514, una cifra que ninguna fuente independiente ha podido verificar hasta ahora.
Del lado estadounidense, Irán respondió el martes atacando bases militares de Estados Unidos en Jordania, Kuwait e Irak, en un movimiento que confirma que el conflicto ya no se limita al territorio iraní, sino que se extiende por buena parte de Oriente Medio.
El estrecho cerrado: la advertencia de la Guardia Revolucionaria
El punto más delicado del conflicto es el estrecho de Ormuz, el paso marítimo de apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho por el que circula alrededor de una quinta parte del petróleo mundial. Horas después de que Estados Unidos reimpusiera su bloqueo naval sobre los puertos iraníes, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC) advirtió que la vía permanecerá cerrada mientras Washington no ponga fin a lo que califica de «acciones agresivas». El comunicado fue más allá: si el bloqueo estadounidense persiste, otros corredores de exportación de petróleo y gas de la región «podrían convertirse en objetivos», en una frase que resume la lógica de todo o nada del régimen: «Las exportaciones de petróleo y gas de esta región estarán disponibles para todos o para nadie».
El exdiplomático y economista iraní Hossein Adeli explicó en la televisión estatal IRNA que la capacidad de Teherán para controlar el estrecho descansa en tres pilares: capacidad militar, voluntad política y gestión del tráfico marítimo, y que cerrar Ormuz sigue siendo una opción si se amenazan los intereses vitales del país. Se calcula que unos 6.000 marinos permanecen atrapados a bordo de cientos de buques mercantes varados a la espera de que se despeje la ruta.
La retórica en Teherán también se ha endurecido. El excanciller Manouchehr Mottaki, hoy parlamentario, sugirió en televisión estatal que Irán debería plantearse tomar bases militares estadounidenses en la región y capturar soldados, en lugar de limitarse a ataques con misiles. En las calles de la capital iraní han aparecido murales con el presidente Donald Trump dentro de un ataúd y vallas con el lema «Sangre por sangre» en persa y hebreo.
Trump y el peaje del 20%
Trump ha mantenido su ultimátum: los ataques continuarán «en los próximos días y la próxima semana» si Teherán no regresa a la mesa de negociaciones. En un giro que ilustra hasta qué punto Washington quiere capitalizar su control militar de la zona, el presidente estadounidense llegó a sugerir que Estados Unidos podría cobrar un peaje del 20% por garantizar el paso seguro de buques a través de Ormuz, una propuesta que convertiría un conflicto militar en una fuente de ingresos directa. Pese a la escalada, persisten canales diplomáticos: Estados Unidos e Irán mantienen negociaciones técnicas sobre el programa nuclear iraní, con Pakistán y Qatar como mediadores para intentar devolver a ambas partes a la mesa. En paralelo, Trump presiona también a Israel para que Netanyahu retire tropas de Siria y Líbano, otro frente que Washington querría desactivar antes de que el conflicto regional se ensanche todavía más.
Por qué importa: el petróleo y la factura energética europea
El impacto económico ya es visible. El precio del petróleo Brent —referencia para el mercado europeo— llegó a dispararse un 10% en una sola jornada tras el cierre del estrecho, y el West Texas Intermediate cotiza por encima de los 80 dólares por barril tras sumar más de un 11% en tres sesiones. España, que importa más del 10% de su crudo por esta ruta, se enfrenta a una presión inmediata sobre los precios de los carburantes. Analistas consultados por la agencia EFE advierten de que una escalada prolongada podría añadir «varias décimas» al IPC español en los próximos meses, justo cuando la inflación europea todavía no se había estabilizado del todo.
Qué puede pasar ahora
El escenario a corto plazo depende de dos variables que hoy apuntan en direcciones opuestas: la presión militar estadounidense, que no da señales de ceder, y la mediación diplomática de Doha e Islamabad, que busca una salida negociada antes de que el conflicto se extienda a otros corredores energéticos del golfo. Un cierre prolongado de Ormuz no solo golpearía a España y Europa a través del precio del crudo; también obligaría a los bancos centrales a recalcular sus previsiones de inflación justo cuando la Reserva Federal y el Banco Central Europeo empezaban a ver margen para relajar la política monetaria. Si Teherán cumple su amenaza de extender el bloqueo a otras rutas de exportación, el mercado energético mundial podría enfrentarse a su mayor choque de oferta desde la invasión rusa de Ucrania en 2022.









