El Índice de Precios al Consumidor de Estados Unidos cayó un 0,4% en junio respecto a mayo, la primera caída mensual desde 2020, y la tasa interanual se moderó al 3,5%. La buena noticia llega, sin embargo, con fecha de caducidad: el dato refleja el abaratamiento de la gasolina durante una tregua ahora rota entre Washington y Teherán, y el nuevo bloqueo del estrecho de Ormuz ya ha disparado el petróleo Brent más de un 10% en una sesión. La Reserva Federal y el Banco Central Europeo afrontan así un verano en el que el mismo barril de crudo que ayudó a enfriar la inflación amenaza ahora con recalentarla.
Un IPC que sorprendió, pero por motivos frágiles
El Índice de Precios al Consumidor de Estados Unidos retrocedió un 0,4% entre mayo y junio, la primera caída mensual desde 2020, frente al alza del 0,5% registrada el mes anterior. En términos interanuales, la inflación se moderó al 3,5%, muy por debajo del 4,2% de mayo, sorprendiendo a los analistas, que esperaban apenas un descenso simbólico. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, también se suavizó, del 2,9% al 2,6% interanual. Según los datos recogidos por distintas agencias, el retroceso se explica principalmente por la caída de los precios de la gasolina, que se abarataron después de que a finales de junio se afianzara una frágil tregua entre Estados Unidos e Irán. Esa misma tregua es hoy historia: los bombardeos se reanudaron esta semana y el mercado ya lo está pagando.
La Fed, entre el alivio de junio y el riesgo de julio
En su reunión de junio, la Reserva Federal mantuvo su tasa de referencia sin cambios, en el rango de 3,50%-3,75%. Lo llamativo es la dirección del debate: los mercados no descuentan un recorte de tipos, sino más bien lo contrario. Según los futuros de tasas, existe alrededor de un 30% de probabilidad de una subida de 25 puntos básicos en julio, y hasta un 77% de probabilidad de al menos una subida antes de que termine el año. Es decir, la Fed se plantea endurecer la política monetaria, no relajarla, en un contexto en el que la inflación —pese a la mejora de junio— sigue por encima del objetivo del 2% desde hace 64 meses consecutivos, según cálculos de mercado citados por Benzinga. La escalada en Ormuz complica aún más ese cálculo: si el crudo se mantiene elevado, la lectura de julio podría revertir buena parte de la mejora de junio y reforzar el argumento de quienes en la Fed defienden subir tasas.
El BCE, atrapado entre la energía y una economía que ya se contrae
Al otro lado del Atlántico, el Banco Central Europeo llega a su reunión del 22 de julio con un dilema todavía más incómodo. Por un lado, el encarecimiento de la energía —consecuencia directa del bloqueo de Ormuz— amenaza con alimentar las expectativas de inflación a medio plazo en la eurozona. Por otro, la economía europea ya muestra síntomas de debilidad: se contrajo un 0,2% interanual en el primer trimestre de 2026. Endurecer la política monetaria en ese contexto podría profundizar la desaceleración; no hacerlo podría dejar que el shock energético se traslade a los precios de forma más persistente. El Euribor a 12 meses, referencia para buena parte de las hipotecas españolas, se situaba este 16 de julio en el 2,749%, un nivel que refleja precisamente esa incertidumbre sobre el rumbo de los tipos en las próximas semanas.
Los mercados ya reaccionan
Wall Street cerró la sesión previa a la escalada con subidas moderadas —el S&P 500 avanzó un 0,38%, el Nasdaq un 0,62% y el Dow Jones un 0,29%— impulsado por la moderación de la inflación de junio. Pero la apertura europea de este jueves ya refleja el nuevo escenario: los inversores digieren con cautela la escalada entre Estados Unidos e Irán en Ormuz y sus implicaciones sobre la inflación energética. El Euro Stoxx 50 y el Ibex 35 lograban mantenerse en positivo, mientras el DAX alemán, el CAC 40 francés y el FTSE 100 británico cotizaban en negativo, un comportamiento mixto que anticipa nerviosismo más que pánico, pero que puede variar rápidamente si el bloqueo del estrecho se prolonga.
El caso español: una factura energética que puede subir varias décimas
España es especialmente sensible a este episodio: más del 10% de su crudo importado llega a través del estrecho de Ormuz, según fuentes del sector citadas por Moncloa. Analistas consultados por EFE advierten de que una escalada prolongada del conflicto podría añadir varias décimas al IPC español en los próximos meses, justo cuando el país exhibía uno de los mejores comportamientos macroeconómicos de la eurozona: el Informe Económico y Financiero de Esade sitúa el crecimiento del PIB español entre el 2,2% y el 2,3% para 2026, prácticamente el doble del 1,1% previsto para el conjunto de la zona euro. Ese diferencial de crecimiento podría verse erosionado si la factura energética se dispara de forma sostenida.
Qué puede pasar ahora
El escenario más probable a corto plazo es de volatilidad: los datos de inflación de julio, que se conocerán en agosto, quedarán condicionados casi por completo por lo que ocurra en Ormuz en las próximas semanas. Si Washington y Teherán encuentran una salida negociada —con Qatar y Pakistán como mediadores— el repunte del crudo podría revertirse con la misma rapidez con que se disparó, dejando el episodio como un susto pasajero. Pero si el bloqueo se prolonga o se extiende a otros corredores energéticos, como ha amenazado la Guardia Revolucionaria iraní, tanto la Fed como el BCE se verían obligados a revisar al alza sus previsiones de inflación en pleno proceso de definición de su política monetaria para el segundo semestre, complicando cualquier expectativa de relajación de tipos que hogares y empresas llevaban meses esperando.









