El índice japonés Nikkei 225 llegó a desplomarse 4.130 puntos este 17 de julio, un 6,18% intradía, en la mayor sacudida bursátil del año en Asia. La corrección, liderada por fabricantes de chips como Kioxia (-16%), SoftBank (-11,4%) y Advantest (-10,5%), se contagió a Europa y Wall Street y reabre la pregunta que lleva meses sobrevolando los mercados: ¿está sobrevalorada la inversión masiva en infraestructura de inteligencia artificial?
Los mercados asiáticos vivieron este viernes su sesión más violenta en meses. El Nikkei 225 llegó a caer 4.130,94 puntos en la tarde de Tokio, un 6,18% respecto al cierre del jueves, hasta tocar un mínimo intradía de 62.704,60 puntos, su nivel más bajo desde el 11 de junio. El desplome se concentró en el sector de semiconductores y compañías vinculadas a la inteligencia artificial, que en los últimos dos años han protagonizado una de las mayores revalorizaciones bursátiles de la historia reciente.
Los nombres detrás de la sangría
Kioxia Holdings, el mayor fabricante japonés de memorias flash, se dejó más de un 16% en una sola sesión, después de que un jurado federal de Texas ordenara el jueves a la compañía pagar 229 millones de dólares en daños por infringir una patente de la firma de comunicaciones por satélite Viasat. Según Bloomberg, el valor de mercado de Kioxia se ha reducido a la mitad desde sus máximos recientes, borrando en torno a 181.000 millones de dólares de capitalización en el proceso. SoftBank Group, el conglomerado de Masayoshi Son con fuertes apuestas en inteligencia artificial a través de su participación en OpenAI y Arm, cayó un 11,4%. Advantest, fabricante de equipos de test de semiconductores, retrocedió un 10,5%, mientras que Tokyo Electron cedió cerca de un 9% y fue, junto a Advantest, el mayor lastre individual para el índice. Murata Manufacturing perdió casi un 12% y TDK más de un 6%.
El contagio no se limitó a Japón: el índice CSI 1000 chino cayó más de un 3% hasta su nivel más bajo desde finales de marzo, y varias plazas del sudeste asiático registraron pérdidas generalizadas en valores tecnológicos.
El detonante: Wall Street ya había avisado
La corrección asiática no surgió de la nada. Según recoge CNBC, el desplome siguió a una caída del Índice de Semiconductores de Filadelfia (SOX) en la sesión estadounidense del jueves, que ya reflejaba un creciente nerviosismo entre los inversores. Analistas citados por medios especializados apuntan a dos focos de preocupación concretos: el endurecimiento de la regulación estadounidense sobre exportación de semiconductores avanzados, que amenaza con restringir el acceso de fabricantes asiáticos a mercados clave, y la sospecha, cada vez más extendida, de que la demanda de infraestructura para IA generativa podría haber tocado techo tras dos años de gasto de capital desbocado por parte de los grandes hiperescaladores —Amazon, Microsoft, Google y Meta—. Un yen más fuerte añadió presión adicional sobre las cotizadas exportadoras japonesas, encareciendo relativamente sus productos en el exterior.
En Europa, la sesión también amaneció en rojo antes incluso de que se conocieran los datos asiáticos completos: el EuroStoxx 50 llegó a ceder más de un 1%, con ASML e Infineon arrastrando al sector tecnológico continental, mientras el Ibex 35 perdía los 19.200 puntos. En Wall Street, el S&P 500 había cerrado el jueves con un retroceso del 0,51%, situándose ya un 1% por debajo de su máximo de las últimas 52 semanas.
Por qué importa: la primera grieta seria en el relato de la IA
Lo relevante de la sesión de este viernes no es solo la magnitud de la caída, sino lo que revela sobre la fragilidad de un ciclo bursátil que lleva más de dos años sustentado casi en exclusiva en la promesa de la inteligencia artificial. Compañías como Kioxia, Advantest o SoftBank no fabrican productos de consumo directamente ligados a la IA generativa, sino los componentes y equipos que hacen posible la infraestructura que la sostiene: memorias, equipos de testeo de chips, capital de inversión. Que sean precisamente estos eslabones de la cadena los que lideren la corrección sugiere que el mercado está empezando a cuestionar no la tecnología en sí, sino el ritmo y la escala del gasto de capital que los hiperescaladores han comprometido para construir centros de datos, un gasto que en 2026 se estima en varios cientos de miles de millones de dólares agregados a nivel global.
El Fondo Monetario Internacional ya había advertido esta semana que la desinflación global se ha estancado y mantuvo su previsión de crecimiento mundial en el 3,0% para este año, señalando explícitamente el elevado coste de las inversiones en inteligencia artificial como uno de los factores de riesgo que seguirán condicionando a los mercados financieros en los próximos meses, junto a la geopolítica y las tensiones en el sector financiero.
Qué puede pasar a corto plazo
Si la corrección se limita a un ajuste de valoraciones tras dos años de subidas extraordinarias, es probable que los índices recuperen buena parte del terreno perdido en las próximas sesiones, como ha ocurrido en episodios similares desde 2023. Pero si el mercado concluye que la demanda de infraestructura de IA realmente se está desacelerando —o que la rentabilidad de esa inversión tardará más de lo previsto en materializarse—, la corrección podría extenderse y golpear con más fuerza a las compañías más apalancadas en el relato de la IA, incluidas algunas de las tecnológicas estadounidenses de mayor capitalización. Para los inversores europeos y latinoamericanos, el episodio es un recordatorio de hasta qué punto sus carteras, incluso las que no invierten directamente en tecnológicas asiáticas, están hoy expuestas a las oscilaciones de un puñado de valores vinculados a la inteligencia artificial.
Con información de CNBC, Bloomberg, The Japan Times y Trading Economics.









