Samsung Electronics cerró el segundo trimestre de 2026 con un beneficio operativo récord de 89,5 billones de wones (unos 61.000 millones de dólares), casi diecinueve veces más que en el mismo periodo del año anterior, impulsado por la disparada demanda de memoria para servidores de inteligencia artificial. La compañía surcoreana, que también registró un beneficio neto histórico de 71,6 billones de wones (49.000 millones de dólares), prevé triplicar en el tercer trimestre las ventas de sus nuevos chips HBM4 y advierte de que la escasez de memoria avanzada se prolongará, como mínimo, hasta 2028.
El trimestre que confirma el giro de Samsung hacia la IA
Los resultados publicados este jueves por Samsung Electronics no dejan lugar a dudas: la compañía ha completado su transformación en uno de los grandes beneficiarios del boom mundial de la inteligencia artificial. La firma surcoreana facturó cerca de 171 billones de wones entre abril y junio, con un beneficio operativo de 89,5 billones de wones (frente a los 4,7 billones del mismo trimestre de 2025) y un margen operativo que, según sus propias diapositivas de resultados, superó el 52% en su división de semiconductores.
El salto se explica casi en su totalidad por el negocio de memoria. Los envíos de bits de DRAM y NAND alcanzaron máximos históricos, sostenidos por la demanda de los grandes operadores de centros de datos que compiten por asegurarse capacidad de memoria de alto rendimiento para entrenar e implementar modelos de IA. A ese impulso se sumaron el negocio de fundición y la división móvil, que también registraron crecimientos notables en el trimestre.
HBM4: el chip que se ha convertido en el activo más codiciado del sector
El verdadero protagonista de los resultados es el HBM (memoria de alto ancho de banda), el tipo de chip que utilizan los aceleradores de IA de compañías como Nvidia para procesar grandes volúmenes de datos a máxima velocidad. Samsung anunció que ya ha comenzado a escalar la producción de su nueva generación HBM4 y que ha enviado las primeras muestras de HBM4E, una versión aún más avanzada, a sus principales clientes, colocándose en la delantera de una carrera tecnológica en la que compite directamente con SK Hynix y Micron.
La compañía prevé que las ventas de HBM4 se multipliquen por más de tres entre el segundo y el tercer trimestre, y que este chip represente ampliamente más del 60% de los ingresos totales por HBM en la segunda mitad de 2026. Para el conjunto del negocio de memoria, Samsung espera que los envíos de bits crezcan a un ritmo de un dígito medio para el DRAM y de un dígito alto para el NAND en el tercer trimestre.
Una advertencia con doble lectura: escasez hasta 2028
Más allá de las cifras del trimestre, el mensaje que más ha resonado entre analistas es la previsión de Samsung sobre la escasez estructural de memoria avanzada. La dirección de la compañía advirtió de que el desajuste entre oferta y demanda en el sector es probable que se mantenga, como mínimo, hasta 2028, con una tensión que podría intensificarse aún más en 2027 a medida que los grandes operadores de nube continúan ampliando su capacidad de cómputo para IA.
Para Samsung, esta escasez es, paradójicamente, una buena noticia: mientras la demanda supere a la oferta, los precios de la memoria seguirán sosteniendo unos márgenes que hace apenas dos años parecían impensables para un negocio tradicionalmente cíclico y de márgenes ajustados. Las acciones de la compañía llegaron a subir más de un 7% tras conocerse los resultados, en un movimiento que también arrastró a otros fabricantes de memoria como SK Hynix y Micron.
El otro lado de la moneda: la fiebre de gasto en IA empieza a generar dudas
El propio anuncio de Samsung llegó en una jornada de nerviosismo en los mercados tecnológicos globales. Wall Street afronta la sesión de este jueves con la mirada puesta en los resultados de las grandes tecnológicas y en la magnitud del gasto de capital que estas están destinando a infraestructura de inteligencia artificial. La preocupación no es nueva: inversores y analistas llevan meses preguntándose si el ritmo de inversión en centros de datos y chips de IA es sostenible o si, por el contrario, se está gestando una burbuja de gasto que tarde o temprano tendrá que corregirse.
Los datos de Samsung alimentan ambas lecturas. Por un lado, confirman que la demanda real de memoria para IA sigue siendo extraordinariamente sólida, lo que respalda a quienes defienden que el ciclo de inversión actual está justificado por un cambio estructural en la economía digital. Por otro, la propia magnitud de las cifras, un beneficio que se multiplica por dieciocho en solo doce meses, es precisamente el tipo de crecimiento vertiginoso que históricamente ha precedido a episodios de sobrecalentamiento en los mercados de semiconductores.
Qué significa para el resto de la industria
El liderazgo de Samsung en HBM4 tiene implicaciones que van más allá de sus propios resultados. La compañía coreana compite cabeza a cabeza con SK Hynix, que hasta ahora había liderado el mercado de HBM de la mano de su relación estratégica con Nvidia, y con la estadounidense Micron, que también ha anunciado fuertes inversiones en capacidad de memoria avanzada. El hecho de que Samsung sea de las primeras en enviar muestras de HBM4E a clientes sugiere que la compañía busca recuperar terreno en un segmento donde había llegado tarde frente a sus rivales.
Para los fabricantes de servidores y los grandes proveedores de nube (Amazon, Microsoft, Google y Meta entre ellos), la advertencia de escasez hasta 2028 tiene una lectura directa: los costes de construir y operar infraestructura de IA seguirán siendo elevados durante años, lo que presiona los márgenes de estas compañías si no consiguen trasladar ese coste a sus clientes finales. Y para los reguladores y bancos centrales que vigilan la inflación, como recordaba esta misma semana la Reserva Federal, la persistencia de cuellos de botella en semiconductores es un factor más a vigilar en la ecuación de precios globales.
En definitiva, los resultados de Samsung retratan con precisión el momento que atraviesa la industria tecnológica: una demanda de inteligencia artificial que sigue disparando beneficios históricos para quienes controlan la infraestructura crítica, pero también una dependencia cada vez mayor de que ese ritmo de inversión no se detenga bruscamente.









