El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) decidió este miércoles mantener los tipos de interés en el rango del 3,50%-3,75% por quinta reunión consecutiva, pero la votación, 9 a favor y 3 en contra, con los disidentes pidiendo una subida de 25 puntos básicos, rompió la unanimidad que había mantenido el organismo en junio. Wall Street reaccionó con fuertes caídas: el Dow Jones perdió un 2,19%, el Nasdaq un 1,74% y el S&P 500 un 1,52%, mientras el presidente de la Fed, Kevin Warsh, advertía de que no existe un objetivo de inflación flexible y de que una subida de tipos bien podría ser necesaria si los precios no siguen moderándose.
Una pausa que ya no es unánime
La Reserva Federal encadena cinco reuniones sin tocar el precio del dinero, que permanece estable desde enero en el rango del 3,50% al 3,75%. Pero lo verdaderamente relevante de la decisión de este miércoles no fue el resultado, ampliamente descontado por los mercados, sino la fractura interna que reveló. Tres de los doce miembros con derecho a voto del FOMC, Beth M. Hammack, Neel Kashkari y Lorie K. Logan, votaron en contra de mantener los tipos porque preferían subirlos un cuarto de punto, un nivel de disenso inhabitual que constató el fin de la cohesión que había mostrado el comité en las reuniones anteriores.
Esta grieta llega en un contexto delicado para la política monetaria estadounidense: la inflación se ha moderado del 4,2% de mayo al 3,5% de junio, y la tasa de paro se sitúa en el 4,2%, cifras que en principio justificarían mantener la cautela. Pero el nuevo repunte de los precios de la energía, derivado de la escalada bélica entre Irán, Israel y Estados Unidos en Oriente Medio, ha reintroducido el temor a que la inflación vuelva a acelerarse en los próximos meses, justo el argumento que esgrimieron los tres consejeros disidentes.
Warsh marca el terreno: solo existe un objetivo, y es el 2%
En la rueda de prensa posterior a la decisión, el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, fue inusualmente contundente al descartar cualquier flexibilización del mandato del banco central. No existe un objetivo de inflación flexible. No existe un objetivo implícito flexible. No bajo la supervisión de este comité. Solo existe un objetivo, y es del 2%, afirmó, dejando claro que no está dispuesto a tolerar una inflación persistentemente por encima de ese umbral aunque eso implique sacrificar crecimiento o empleo.
Warsh fue igualmente explícito sobre la posibilidad de que la pausa actual no se prolongue mucho más: si la inflación continúa siendo elevada a lo largo del periodo de previsión, los tipos de interés bien podrían ser parte de esa solución, advirtió, en una frase que los mercados interpretaron como una señal de que una subida en la próxima reunión, fijada para el 15 y 16 de septiembre, ya no es un escenario descartable.
El mercado responde con una fuerte caída
La reacción en Wall Street fue inmediata y negativa. El Dow Jones cerró el miércoles con un retroceso del 2,19%, el Nasdaq cayó un 1,74% y el S&P 500 perdió un 1,52%, en la peor sesión conjunta de los tres índices en varias semanas. El mercado de bonos también se movió con fuerza: el repunte de la rentabilidad del bono a 30 años reflejó el temor de los inversores a que el ciclo de tipos altos se prolongue más de lo previsto, encareciendo la financiación a largo plazo justo cuando las grandes tecnológicas están en pleno proceso de inversión masiva en infraestructura de inteligencia artificial.
Este jueves, con los futuros de los principales índices apuntando a un ligero rebote, el Dow Jones subía un 0,12%, el S&P 500 un 0,29% y el Nasdaq 100 cerca de un 0,66% antes de la apertura, el mercado trataba de digerir tanto el golpe de la Fed como las dudas sobre el elevado gasto tecnológico en IA, dos frentes que, combinados, han elevado sensiblemente la volatilidad de las últimas sesiones.
Por qué esta vez es diferente: la energía complica el cálculo
A diferencia de pausas anteriores, la de julio llega con un ingrediente adicional que complica el trabajo de la Fed: el nuevo repunte del petróleo derivado de la guerra en Oriente Medio. El crudo Brent, que llegó a superar los 120 dólares por barril tras el cierre del estrecho de Ormuz en marzo, ha vuelto a situarse este jueves por encima de los 88-90 dólares tras la escalada de bombardeos entre Estados Unidos, Arabia Saudí e Irán registrada esta misma semana.
Un análisis de la Reserva Federal de Dallas había advertido de que, incluso en un escenario moderado, la subida del petróleo derivada del conflicto podría añadir 0,6 puntos porcentuales a la inflación general estadounidense y 0,2 puntos a la subyacente en 2026. Es precisamente ese tipo de presión de origen geopolítico, y no una economía recalentada por el consumo interno, la que explica por qué tres miembros del FOMC prefieren anticiparse con una subida antes de que la inflación importada se instale de forma más persistente.
Qué puede pasar en septiembre
La combinación de una votación dividida, un mensaje inflexible de Warsh sobre el objetivo del 2% y un contexto geopolítico que amenaza con encarecer la energía deja a los mercados ante un escenario mucho más abierto de lo habitual para la reunión de septiembre. Hasta ahora, buena parte de los inversores daba por hecho que el siguiente movimiento de la Fed sería, en todo caso, a la baja; la disidencia de esta semana obliga a contemplar en serio la posibilidad contraria.
Para la economía estadounidense, mantener los tipos altos por más tiempo del previsto implica encarecer aún más el crédito en un momento en que sectores como la vivienda o la inversión empresarial ya acusan el coste financiero acumulado desde el inicio del ciclo de subidas. Para el resto del mundo, una Fed más agresiva de lo esperado tiende a fortalecer al dólar y a endurecer las condiciones financieras globales, un efecto que se sumaría a la presión que ya ejerce sobre las economías emergentes el encarecimiento del petróleo. La próxima cita, el 15 y 16 de septiembre, se perfila ya como una de las reuniones más determinantes de la Reserva Federal en lo que va de año.








