OpenAI ultima el lanzamiento de su primer producto físico: un altavoz inteligente sin pantalla pensado como compañero doméstico permanente, diseñado con la firma del exdiseñador jefe de Apple Jony Ive. El proyecto, que forma parte de una familia de cinco dispositivos, ha desatado una demanda de Apple que acusa a la compañía de Sam Altman de apropiarse de secretos comerciales a través de un extrabajador. El pulso llega justo cuando Apple y Google acaban de sellar una alianza que pone a Gemini en el corazón de Siri, dejando a OpenAI como el actor que más está forzando el mercado del hardware con inteligencia artificial.
Un altavoz que quiere parecer vivo
El dispositivo, todavía sin nombre público, es un altavoz portátil sin pantalla equipado con cámara, sensores y GPT-Live, una versión avanzada del modo de voz de ChatGPT que permite escuchar y hablar al mismo tiempo, adaptándose con naturalidad al ritmo de la conversación. Su diferencial no es solo funcional sino estético: incorpora elementos mecánicos que se mueven por sí solos mientras el aparato responde, con el objetivo declarado de transmitir la sensación de que el producto está vivo. Según la información recogida por medios especializados, el altavoz es el primero de una familia de cinco dispositivos que OpenAI tiene en desarrollo, concebidos como un ecosistema doméstico capaz de controlar aparatos inteligentes, reproducir contenido y gestionar mensajes y consultas de forma proactiva, sin esperar a que el usuario active al asistente.
La huella de Jony Ive
Detrás del diseño está Jony Ive, el responsable histórico de la estética de productos como el iPhone y el iMac durante casi tres décadas en Apple. Su implicación llegó tras la compra por parte de OpenAI de io Products, la startup de hardware que Ive había fundado, por 6.500 millones de dólares. Su estudio, LoveFrom, colabora en el diseño de toda la nueva gama, y el equipo incorpora a numerosos exdiseñadores e ingenieros de Apple que participaron en el desarrollo del iPhone y del Mac. Es precisamente esa transferencia de talento —y, según Apple, también de información confidencial— la que ha encendido la mecha del conflicto legal entre ambas compañías.
La demanda de Apple: secretos comerciales y un extrabajador señalado
Apple presentó una demanda contra OpenAI a comienzos de julio en la que acusa a la compañía de utilizar secretos comerciales robados para acelerar el desarrollo de su dispositivo. La demanda nombra directamente a OpenAI, a Chang Liu —un extrabajador de Apple ahora en OpenAI— y a Tang Tan, actual jefe de hardware de OpenAI y antiguo responsable del diseño de producto del iPhone y del Apple Watch. Según el escrito, Liu accedió y descargó docenas de archivos confidenciales de Apple relacionados con dispositivos no lanzados, presentaciones de ingeniería, especificaciones técnicas y datos de proyectos propietarios antes de incorporarse a la empresa de Sam Altman. Apple busca una medida cautelar que podría retrasar el lanzamiento comercial del altavoz, previsto para 2027. OpenAI, por su parte, sostiene que el producto difiere de forma sustancial de cualquier dispositivo de Apple y considera improbable que se haya infringido secreto comercial alguno.
Por qué OpenAI se mete en el negocio del hardware
La apuesta de OpenAI por un dispositivo físico responde a una lógica de negocio clara: mientras el grueso de su facturación depende de las suscripciones a ChatGPT y de contratos empresariales, un altavoz propio le permitiría capturar directamente el hogar del usuario, un terreno hoy dominado por Amazon, Google y la propia Apple con sus respectivos asistentes. Entrar en ese mercado con un producto diferenciado —sin pantalla, con personalidad viva y apoyado en el prestigio de diseño de Jony Ive— es también una forma de consolidar la marca ChatGPT más allá del navegador y el móvil, en un momento en que Google ha reforzado su posición dentro del propio ecosistema Apple: en enero, ambas compañías anunciaron que la próxima generación de los modelos de fundación de Apple, y el nuevo Siri, se construirán sobre Gemini y la infraestructura de Google Cloud. Esa alianza deja a OpenAI en una posición peculiar: es simultáneamente el proveedor de IA que Apple decidió no usar para Siri y el rival al que ahora demanda por presunto espionaje industrial.
Qué puede pasar ahora
El desenlace judicial será determinante para el calendario del proyecto. Si un tribunal concede a Apple la medida cautelar que solicita, OpenAI podría verse obligada a rediseñar componentes del altavoz o retrasar más allá de 2027 su salida al mercado, con el consiguiente coste reputacional en un sector donde la ventana de atención sobre un producto es breve. Más allá del litigio, el episodio confirma que la próxima gran batalla de la inteligencia artificial no se libra solo en los modelos de lenguaje, sino en quién controla el dispositivo físico que media la relación cotidiana entre el usuario y la IA. Con Amazon, Google y Apple ya presentes en el salón de millones de hogares, OpenAI llega tarde al hardware, pero con un diseñador de la talla de Ive y una demanda judicial que, paradójicamente, también sirve para amplificar la expectación en torno a un producto que ni siquiera se ha presentado todavía.









