Estados Unidos ha bombardeado territorio iraní durante trece noches consecutivas después de que Donald Trump diera por roto, el pasado 8 de julio, el alto el fuego que había frenado la guerra entre ambos países. Teherán responde con ataques contra bases estadounidenses en Jordania y Baréin, mientras un alto mando de la Guardia Revolucionaria (IRGC) advierte de una «ofensiva a gran escala» si Washington no detiene los ataques. El conflicto ya ha disparado el precio del petróleo casi un 35% en un mes y amenaza con reactivar la inflación justo cuando el Banco Central Europeo intentaba dar por controlada la subida de precios.
Una tregua que duró poco más de tres semanas
El entendimiento alcanzado el 17 de junio entre Washington y Teherán —que había permitido que el Brent cotizara apenas por encima de los 70 dólares— se rompió el 8 de julio, cuando Trump anunció el fin del alto el fuego alegando la muerte de dos militares estadounidenses en una base de Jordania. Desde entonces, la aviación y los misiles de crucero estadounidenses han golpeado, noche tras noche, instalaciones de defensa aérea, radares costeros y depósitos de misiles y drones en territorio iraní.
Trece noches de fuego cruzado
La escalada alcanzó su punto más alto el 24 de julio, cuando Washington lanzó su decimotercera ofensiva consecutiva después de que Trump amenazara con «un ataque masivo» si Irán no cesaba sus represalias. Según recogieron distintos medios de la región, los bombardeos de esa jornada alcanzaron la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz, y la ciudad portuaria de Bandar Abbás, un enclave logístico clave para la marina iraní. Teherán, por su parte, ha respondido atacando instalaciones con presencia militar estadounidense en Jordania y Baréin, en lo que ambos bandos describen ya como un intercambio diario de golpes.
El canciller iraní, Abbas Araghchi, resumió la doctrina de su país con una frase que ha circulado en las cancillerías de medio mundo: «Nuestra doctrina de defensa es clara: ojo por ojo. Cualquier agresión contra Irán, incluida nuestra infraestructura, provocará una respuesta contundente y decisiva».
La amenaza del IRGC y el riesgo de una guerra regional
El salto cualitativo llegó con la advertencia de un alto funcionario del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que planteó abiertamente la posibilidad de una ofensiva de gran escala: «Si los ataques de EEUU continúan durante otros dos o tres días, entraremos en una fase de operaciones ofensivas a gran escala». La frase no es retórica menor: el IRGC controla buena parte del arsenal de misiles balísticos iraní y mantiene influencia sobre milicias aliadas en Irak, Líbano y Yemen, con capacidad de abrir varios frentes simultáneos si decide involucrarlas.
Con todo, este último fin de semana ha traído la primera señal de distensión en casi dos semanas: los mercados asiáticos abrieron este lunes con fuerte optimismo después de que se cumplieran dos noches consecutivas sin nuevos ataques estadounidenses, un respiro que los inversores interpretan como una posible ventana de negociación, aunque ningún gobierno ha confirmado todavía un nuevo acuerdo de tregua.
El petróleo, el segundo frente de la guerra
El impacto económico ha sido tan inmediato como el militar. El barril de Brent llegó a rozar los 102 dólares el 23 de julio —un 35% por encima del nivel del 1 de julio— antes de retroceder ligeramente a 97 dólares al día siguiente. Este lunes, coincidiendo con la pausa en los bombardeos, el precio cedía un 5,6% hasta los 91,38 dólares, la mayor caída diaria en semanas. La volatilidad refleja hasta qué punto el mercado energético ha quedado rehén de la evolución militar en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial.
El Banco Central Europeo, que el pasado 23 de julio optó por mantener sin cambios sus tres tipos de interés oficiales (depósito en el 2,25%, refinanciación en el 2,4% y crédito marginal en el 2,65%), ha reconocido que la inflación energética de la eurozona podría alcanzar un máximo del 12,5% durante el tercer trimestre si la guerra se prolonga. La institución celebrará su próxima reunión el 10 de septiembre, cuando actualizará sus previsiones y decidirá si el shock energético justifica retomar las subidas de tipos que llevaba meses intentando dejar atrás.
Qué puede pasar a partir de ahora
El escenario más probable a corto plazo pasa por una negociación discreta que estabilice de nuevo el precio del crudo sin resolver las causas de fondo del conflicto, replicando el patrón de la tregua de junio: una pausa frágil, sujeta a cualquier incidente que ambas partes puedan interpretar como provocación. El riesgo mayor es que la amenaza del IRGC no sea un farol y que Teherán decida activar a sus aliados regionales, lo que convertiría una guerra bilateral en un conflicto con epicentros simultáneos en Irak, el Líbano y el mar Rojo.
Para Europa, la ecuación es incómoda: una economía que empezaba a normalizar la inflación tras años de tipos altos se encuentra de nuevo expuesta a un shock energético importado, en un momento en que apenas dispone de margen de maniobra monetaria adicional. La pausa de las últimas 48 horas ofrece un respiro, pero ni Washington ni Teherán han dado señales de que estén dispuestos a poner fin definitivo a una guerra que, por ahora, se libra noche tras noche.









